Cathy Bear, una acabadora de yeso del noreste de Inglaterra, afirma que se vio «lanzada a la piscina» en este oficio. Aunque su pareja ya llevaba 20 años trabajando como acabador de placas de yeso y yesero cuando ella empezó, Cathy no estaba muy familiarizada con su trabajo. («Llegaba a casa al final de cada jornada y yo seguía sin tener ni idea: estaba cubierto de una sustancia blanca y yo no sabía qué hacía», nos cuenta entre risas.)
Entonces, hace unos cinco años, cuando Cathy empezó a sentirse frustrada con su carrera, decidió coger una espátula y ver a qué se debía tanto revuelo. En poco tiempo, se encontró totalmente inmersa en el mundo de las placas de yeso —y con la necesidad de aprender rápidamente todos los trucos del oficio—.